PURO VIAJE
Autor:
Mi Aventura en Quito, Ecuador: Guía Práctica y Experiencias Personales
Quito fue una de esas ciudades que me sorprendió desde el momento en que aterricé. La capital ecuatoriana se encuentra a más de 2,800 metros sobre el nivel del mar, y recuerdo que los primeros días tuve que acostumbrarme a la altitud. Pero una vez que mi cuerpo se adaptó, pude disfrutar plenamente de todo lo que esta increíble ciudad tiene para ofrecer.
?Mi primer destino fue el Centro Histórico, y debo decir que quedé absolutamente impresionado.
Es el centro histórico mejor preservado de toda Sudamérica, y caminando por sus calles empedradas sentí como si hubiera retrocedido 300 años en el tiempo. La arquitectura colonial es simplemente espectacular.
Visité la Basílica del Voto Nacional, cuyas torres góticas se elevan majestuosamente sobre la ciudad. Pagué una pequeña entrada y subí hasta lo más alto, y las vistas panorámicas de Quito rodeado por montañas me dejaron sin aliento.
La Plaza Grande fue otro punto que no podía perderme. Allí está la Catedral Metropolitana y el Palacio de Carondelet, donde trabaja el presidente. Me senté en una de las bancas del parque, observando a los locales pasar su día, vendedores de helado, familias paseando, y turistas tomando fotos. La energía del lugar es vibrante pero relajada al mismo tiempo.
También exploré las iglesias barrocas como La Compañía de Jesús, cuyo interior dorado es absolutamente deslumbrante. Cada rincón está cubierto de pan de oro, y la luz que entra por las ventanas crea un ambiente casi celestial.
Uno de los momentos más memorables fue cuando tomé el TelefériQo hacia el volcán Pichincha. El teleférico te lleva desde los 2,950 metros hasta los 4,050 metros de altura. Durante el ascenso, las vistas de la ciudad se expanden ante tus ojos de una manera impresionante.
Una vez arriba, el aire frío de la montaña golpeó mi rostro, pero la vista valió cada segundo de frío. Desde ese mirador pude ver toda la extensión de Quito, con sus edificios coloniales mezclados con construcciones modernas, todo rodeado por montañas verdes y cielos azules.
El barrio de La Floresta también capturó mi corazón. Es una zona bohemia llena de arte urbano, murales coloridos en cada esquina, cafés independientes y galerías de arte. Pasé una tarde explorando sus calles, deteniéndome en pequeñas cafeterías para probar el café ecuatoriano, que es excepcional. La atmósfera relajada y creativa del barrio me recordó por qué amo viajar: cada lugar tiene su propia personalidad única.?
La comida en Quito fue otra revelación. Probé locro de papas, una sopa tradicional de patatas y queso que es perfecta para el clima frío de la altura. También me aventuré a probar cuy asado, que aunque es un plato tradicional de la región andina, admito que fue un desafío culinario interesante.
Los mercados locales como el Mercado Central estaban llenos de frutas exóticas que nunca había visto, y los vendedores amables me explicaban cómo comerlas y prepararlas.
Lo que más me gustó de Quito fue la mezcla perfecta entre historia, cultura, naturaleza y modernidad. Es una ciudad donde puedes caminar por calles coloniales por la mañana, subir a un volcán por la tarde, y disfrutar de la vida nocturna contemporánea por la noche.
La gente fue increíblemente amable y orgullosa de su ciudad, siempre dispuesta a dar recomendaciones o ayudar con direcciones. Quito definitivamente superó todas mis expectativas y se ganó un lugar especial en mi lista de ciudades favoritas de Latinoamérica.
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